martes, 5 de junio de 2012

Testigo acusó a Alzugaray de abuso sexual y violación

Por primera vez en Salta, una sobreviviente de la represión paraestatal y estatal de la década del 70, contó que fue víctima de abusos sexuales durante su detención en la delegación de la Policía Federal de Salta. La testigo acusó al ex policía federal y ex guardiacárcel Juan Carlos Alzugaray, quien también vió cuando violaba a otra detenida, luego asesinada en la Masacre de Palomitas. Ayer mismo el Tribunal Oral en lo Federal Criminal de Salta remitió la declaración al fiscal federal penal de turno para que se investiguen estos delitos.

Julia García fue la primera testigo del juicio oral y público por 34 crímenes de lesa humanidad que se lleva a cabo en la sala de grandes juicios de la Ciudad Judicial. Venida especialmente desde Viedma para prestar declaración, Julia llegó a los tribunales acompañada por su madre, Marcela García, cuya presencia trajo a la sala –por primera vez también- el pañuelo blanco de Madres de Plaza de Mayo. Recuerda a Luis Jesús García, “El Negrito García”, asesinado, a los 18 años, el 22 de septiembre de 1974 por la Triple A en Bahía Blanca, donde residían los García.

Fue precisamente este hecho el que motivó a la familia de Julia –madre y dos hermanas más, aún adolescentes- a venir al norte, donde tenían parientes. Su abuela –la madre de Marcela- vivía en un humildísimo barrio de Libertador General San Martín y un tío estaba radicado en la ciudad de Salta. Marcela y las hijas menores fueron a vivir a aquella localidad, mientras que Julia se quedó en Salta, con trabajo en la firma Olivetti, cuyas oficinas estaban entonces por la calle Caseros, cerca de Florida.

De ahí la sacó un grupo grande de policías. A pesar de que sus compañeros intentaron defenderla, fue llevada casi en andas y depositada en un automóvil. Con la cabeza gacha la obligaron a viajar hasta un punto –cercano- en el que el vehículo se detuvo, Julia tuvo la impresión de que alguien la observó, y luego siguió su  marcha hasta la delegación local de la Policía Federal donde la esperaban el jefe, el comisario Federico Livy (ya fallecido) y Alzugaray. “Ahí empieza, creo, lo peor”, anticipó Julia antes de narrar las torturas a las que fue sometida por el jefe y Alzugaray, que en este debate debe responder por el secuestro, las torturas y el homicidio del militante del peronismo revolucionario Eduardo Fronda, cometido el 8 de enero de 1975, hecho por el que también es juzgado el ex comisario Joaquín Guil.

Julia contó que la impresionó Livy “por lo bruto que parecía, y violento”. En cambio, Alzugaray “en mi caso se hacía el seductor, me sentaba en una mesa y me hablaba al oído, me susurraba: que era linda, que no permitiera que me estropearan”.

Ese grotesco de seducción no impidió a Alzugaray abusar sexualmente de Julia cuando esta era sometida a la picana eléctrica, en una cama de hierro, desnuda, con los brazos y piernas atados.

En la Federal se encontró con Marta Evangelina Botta de Linares, a quien conocía por la militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Allí también fue testigo de la violación a la que la sometió Alzugaray. Julia recordó que Evangelina estaba embarazada, y que perdió este embarazo debido a la tortura. “Ella siempre intentó protegerme, por eso la recuerdo con tanto amor y la extraño tanto”, añadió más adelante, con la emoción dificultándole el habla.

La testigo recordó otros detalles de su estancia en la Federal: el señor que atendía un carrito frutero en las cercanías de Olivetti estaba ahí, participando de las torturas, de las que participaba también alguien que hablaba en inglés fluido. Y Livy no se contentaba con golpear y humillar: “Llevaba al hijito, que era un chico que tendría 8 años, a la sala de torturas. Eso hacía Livy”.

Cuatro días estuvo Julia en la Federal, luego fue trasladada a la cárcel de Villa Las Rosas, donde convivió con otras 13 presas políticas, entre ellas la propia Evangelina, que iba a ser asesinada en la Masacre de Palomitas, el 6 de julio de 1976, junto con otras compañeras de cárcel a quienes la testigo recordó: María Amaru Luque, Georgina Droz, Celia Leonard y Nora Leonard, que sobrevivió a la Masacre.

En Villa Las Rosas la testigo vivió dos momentos particularmente dolorosos: un día Alzugaray y otros carceleros la torturaron a ella y a Evangelina tras descubrir que un preso común les dejaba el diario bajo una piedra todos los días, “pero lo que más me dolió” y le quedó en la memoria fue la paliza que recibió este hombre, del que no supo más. El otro hecho ocurrió en el 77 cuando iban a recibir la visita de enviados de la Cruz Roja Internacional: los carceleros les habían advertido que no debían hablar de los maltratos y las malísimas condiciones de detención; luego vino gente diciendo que era de la Cruz Roja, una detenida contó lo que realmente pasaba, entonces los supuestos enviados se desenmascararon: no eran de la Cruz Roja. Aterrorizada, la detenida fue al baño y se cortó las venas, la ayuda rápida de sus compañeras de detención le salvó la vida.

En abril o mayo de 1977 Julia García fue trasladada a la cárcel de Devoto, de donde salió, con libertad vigilada, en agosto de 1980. Entonces se radicó en Viedma, donde vivía su padre. Recién en diciembre de 1981 quedó libre definitivamente. Durante su detención Julia no recibía visitas, dado que su familia debió esconderse luego de que lograran salvarse de un grupo del Ejército que fue a buscarlas a Libertador.

Ayer terminó su declaración agradeciendo la posibilidad de declarar y pidiendo “cárcel común”.

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